POR RUBEN
DOMINICI
Fuente ECOS DEL SUR
Tienen una extraordinaria importancia para nuestra República Dominica y Haití los acuerdos a que se arribaron el lunes en la madrugada en Jimaní entre representantes de ambos países.
Las relaciones comerciales y el tema migratorio dominaron el escenario, y se amagó sobre la seguridad fronteriza y el tema ambiental.
Algo es algo. Lo importante es haber dado un
paso importante en un camino resbaladizo y pedregoso que debe conducir hacia el
establecimiento de relaciones bilaterales de mutuo beneficio que sean fraternas
y estables, aunque de vez en cuando surjan conflictos. Los conflictos no son el
problema. El problema es la incapacidad para resolverlos. O peor, el desinterés
en resolverlos.
A nuestro país como conjunto le conviene que este proceso de formalización de las relaciones entre ambos países se profundice. Debemos llegar a acuerdos serios en numerosos campos, y cuanto antes, mejor. Algunos detalles:
Acuerdos comerciales: Hasta ahora las relaciones comerciales están normadas por una mezcla difusa de formalidad-informalidad que beneficia directamente a los sectores involucrados de ambos países, en perjuicio del fisco haitiano, y no tanto así al dominicano. Y aunque este caso es histórico, al gobierno haitiano le urge enfrentar esta situación para aumentar sus ingresos, y con ello paliar parte de sus grandes y numerosas necesidades.
En la medida en que se formalicen las relaciones comerciales, los aspectos sanitarios y de calidad de los productos exportados a Haití tendrían que ir mejorando. Esto podría reducirles unos cuantos pesos a los exportadores dominicanos, pero a la larga favorecía el desarrollo tecnológico del país y mejoraría nuestra capacidad competitiva. En el capitalismo, la competencia es la madre de la creatividad y del desarrollo tecnológico.
Mientras la burguesía dominicana se cobije del proteccionismo estatal, de la evasión fiscal, y tenga un mercado poco exigente como somos nosotros y el pueblo haitiano, no será necesario invertir en el mejoramiento de la calidad ni en innovación tecnológica.
Acuerdos sanitarios: La gran mayoría de la población haitiana es más vulnerable a enfermedades tropicales transmisibles que igual segmento poblacional dominicano, dado las diferencias socioeconómicas de ambos países.
Por nuestra posición tropical, como isla en conjunto tenemos varias enfermedades infectocontagiosas que ya se han hecho endémicas. Y dado en dinámico tránsito entre ambos países, una efectiva regulación de la frontera y el establecimiento de controles sanitarios de entrada y salida ayudarían a reducir la ocurrencia de tales males.
Acuerdos medioambientales: Dada las condiciones de pobreza extrema de la mayoría de la población haitiana, los recursos naturales han sido sobreexplotados al extremo. Las montañas están muy degradadas, y con ello en peligro de extinción importantes especies de la flora y la fauna. Por el mismo hecho, los suelos montañosos han perdido gran parte de su capacidad productiva.
Las fronteras que establecemos los humanos no son reconocidas por la Naturaleza. Ella construye sus propias divisiones territoriales con accidentes geográficos como valles, montañas, lagos, y otros, y por tanto las plantas y los animales no tienen cédula ni pasaporte, ni necesitan visas para ir de un país a otro.
Así, cuando se degrada una amplia extensión de terreno en una isla tan pequeña como la nuestra, se pone en peligro de extinción a numerosas especies de la flora y la fauna que tenían como residencia una determinada extensión de terreno que luego nosotros dividimos en dos. Como ellos (plantas y animales) no entienden nada de esto, no hay forma de convencerlas de que de aquí para allá ustedes son haitianas, y de aquí para atrás son dominicanas.
Como país tenemos vasta experiencia en este tema, y pudiéramos apoyar a Haití en planes de repoblación (la reforestación sólo la hace bien la misma Naturaleza) y conservación de la poca fauna y flora que le queda. Icluso, brindarle nuestra considerable capacidad de producir plántulas por la cantidad de viveros forestales que tenemos.
Acuerdos culturales: Es necesario el establecimiento de relaciones culturales oficiales entre ambos pueblos, de modo que podamos realizar intercambios en ese campo que nos vayan abriendo el camino al mundo desconocido del universo haitiano: su historia, su idiosincrasia, sus valores, sus creencias, sus potenciales, y más.
En la medida que los dominicanos conozcamos en amplitud la cultura haitiana, y ellos conozcan en igual magnitud la nuestras, ambos pueblos llegaríamos a entender que somos muy diferentes, y entonces se crearían las condiciones subjetivas para que lleguemos a comprender el por qué de unas relaciones tan conflictivas históricamente, y tan difícil de mejorar.
Remontándonos al pasado, nosotros reconoceremos por razón y no por pasión, por qué fue tan necesario separarnos de ellos en 1844 y volver a ser independiente como se había proclamado el 1 de diciembre de 1821 a la cabeza de Núñez de Cáceres; y ellos llegarán a la conclusión, también por razón y no por pasión, que no era posible seguir fusionados por las grandes diferencias que nos separaban.
Pero que nadie se engañe creyendo que con este con noble gesto de los países ya se acabaron los problemas, que en lo adelante todo será color de rosa. Hay muchos sectores de este lado y en Haití que se han beneficiado históricamente de la informalidad de las relaciones, de la frontera abierta de par en par por donde se puede traficar de todo. Y esos sectores, lógicamente, tratarán por todos los medios de echarle jabón al sancocho. Ya los veremos.







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