SDD insiste despenalizar delito prensa; Maldonado: Es “espada en la yugular”



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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios (SDD), Persio Maldonado Sánchez, insistió en la necesidad de que en el país se despenalice de manera definitiva el llamado delito de palabra (delito de prensa), un tema pendiente de fallo en el Tribunal Constitucional.
Dijo que penalizar el derecho de expresarse a través de los medios de comunicación, sería como colocar “una espada en la yugular” a los periodistas y a los órganos de prensa.
Maldonado Sánchez, también director del periódico El Nuevo Diario, abordó el tema al impartir una conferencia con el título “Libertad de Expresión: Medios de comunicación y derechos fundamentales”, en el desarrollo del Conversatorio Regional para Periodistas, auspiciado por el Tribunal Constitucional, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) recinto Peravia.
Resaltó la importancia de que los medios de comunicación actúen con responsabilidad en el trato y manejo de sus contenidos, lo cual, a su juicio, es más importante aún que la falta de neutralidad que generalmente se les atribuye.
En ese sentido, manifestó que “un medio puede incluso ser parcial en el sentido de que asuma claramente una posición a favor de una causa determinada. Sin embargo, lo que no es profesional es que no sea veraz con el contenido de las informaciones que publique de sus favorecidos como de quienes no los sean”.

Insistió en que los medios como el ejercicio del periodismo más que neutralidad o imparcialidad, requieren de actuar con responsabilidad.
Persio Maldonado afirmó que sería impensable una democracia sin medios de comunicación, y más aún, no sería posible el derecho a la libre expresión del pensamiento, ni mucho menos el derecho al ejercicio en democracia.
“No existe ninguna sociedad libre y moderna sin medios de comunicación y sin los mecanismos de control al ejercicio del poder, pues son, en esencia, las vías más eficaces para controlar los excesos, expuso. 
Cree que ese derecho fundamental de ciudadanía de la libre expresión, consignado en la Constitución dominicana, es la base en que descansa toda sociedad democrática.
Puso en claro que el derecho a la libre expresión del pensamiento no es exclusivo a la condición de periodistas, sino a nuestra condición humana, pese a que muchos creen lo contrario.                                   
“Incluso esa confusión puede observarse entre periodistas, comunicadores, televidentes, lectores, radioescuchas y en usuarios de las redes sociales.  Se cree que el derecho a la libre expresión del pensamiento es algo que le pertenece a los periodistas y no a la ciudadanía”, indicó. 
Reflexionó en el sentido de que pocas veces se comprende la importancia de los medios para conseguir o preservar la libertad, aunque este oficio pague con sangre constantemente su desempeño.
Dijo que la lucha enorme por la libertad de expresión ha venido asociada al surgimiento de las libertades políticas y de los medios de comunicación.
En otro aspecto de su intervención, el ejecutivo periodístico consideró que los medios de comunicación y el Tribunal Constitucional deben verse como “aliados esenciales” en la construcción de una sociedad democrática.
Recordó que por la delicadeza de los temas que maneja, los ojos del país están puestos hacia el Tribunal Constitucional, por lo que un vínculo sincero con los órganos de prensa le resulta clave para ganar confianza ante la sociedad.
“Los medios contribuyen enormemente a la divulgación de las iniciativas y la transparencia en torno a cada escenario”, sostuvo.
Enfatizó en que los periódicos, la televisión y la radio son la garantía de la transparencia y los mejores aliados de los miembros del Tribunal Constitucional, si éstos están dispuestos a que las cosas se hagan bien.
Finalmente, en las acotaciones finales de su exposición Maldonado Sánchez citó como principales desafíos de la sociedad dominicana el hacer de la Ley una norma y no una excepción, trazar planes específicos sobre las prioridades del país e invertir en sus soluciones.
También, revisar el contenido de la educación y llevar a las aulas nuestros principales temas, como aquellos que tienen que ver con las responsabilidades y los derechos de la ciudadanía; así comolograr una administración pública más racional y eficaz.
Asimismo, abogó por un gran acuerdo nacional que proyecte a la sociedad dominicana para los próximos veinte años, basado en el cumplimiento de las normas;  y lograr un mayor compromiso de los medios de comunicación en un proyecto de nación de gran magnitud.
“Creo que con esto podemos ayudar enormemente a fortalecer la construcción de una sociedad democrática con profundo sentido de equidad”, concluyó.
A continuación la conferencia integra dictada por Persio Maldonado:
Libertad de Expresión
Medios de comunicación y derechos fundamentales
Quiero comenzar agradeciendo al Tribunal Constitucional al invitarme a exponer algunas ideas sobre este tema que me han sugerido “Derechos Fundamentales con especial referencia a la Libertad de Expresión”.
 Al mismo tiempo,  quiero celebrar este acuerdo con el Colegio Dominicano de Periodistas,  para promover este tipo de conversatorio sobre la Carta Magna y el ejercicio del periodismo y la comunicación. 
Y la gratitud no es una simple formalidad por la invitación, si no por la magnífica oportunidad que me brindan de asistir ante ustedes para conversar de un asunto tan vital para la libertad y la democracia nacional.
Comenzaré afirmando que sería impensable una  democracia sin medios de comunicación. Y diría más aún, que no sería posible el derecho a la libre expresión del pensamiento sin los medios de comunicación, ni mucho menos el derecho al ejercicio en democracia.
Tampoco existiría un Tribunal Constitucional como garantías de los derechos de ciudadanía o como control de los poderes públicos. 
No existe ninguna sociedad libre y moderna sin medios de comunicación y sin los mecanismos de control al ejercicio del poder, pues son, en esencia, las vías más eficaces para controlar los excesos. 
Por tanto, creo que ese derecho fundamental de ciudadanía de la libre expresión, consignado en nuestra Carta Magna, es la base en que descansa toda sociedad democrática.
Desde ahí es que podemos buscar y divulgar informaciones en nuestra condición de periodistas, pero igual, es lo que permite la existencia de los partidos políticos, los sindicatos, las entidades que se ocupan de las ciencias y de la cultura, así como de cualquier otra entidad que incida en la vida de la nación.
Es claro entonces que el derecho a la libre expresión del pensamiento no es un derecho exclusivo a la condición de periodista, si no a nuestra condición humana, pese a que muchos creen lo contrario.                                  
Incluso, esa confusión puede observarse entre periodistas, comunicadores, televidentes, lectores, radioescuchas y en usuarios de las redes sociales. 
Se cree que el derecho a la libre expresión del pensamiento es algo que le pertenece a los periodistas y no a la ciudadanía. 
Debo decir, sin embargo, que es muy frecuente observar que no siempre los periodistas son bien comprendidos por ese conglomerado social que componen la sociedad de lectores, televidentes, radioescuchas y usuarios de las  redes sociales.
Pocas veces se comprende la importancia de los medios para conseguir o preservar la libertad, aunque este oficio pague con sangre, constantemente,  su desempeño.
Aunque ocurre en todo el mundo, América Latina es una región sumamente violenta contra el ejercicio de los periodistas, y para darnos cuenta de la magnitud de este flagelo basta con prestar atención a estas cifras ofrecidas por el periodista Claudio Paolillo, director del semanario Búsqueda de Uruguay y presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en una conferencia dictada el pasado 20 de febrero en el evento de Rotary Internacional en nuestro país.
Según ha dicho, en el 2014, el año pasado, 20 periodistas fueron asesinados cumpliendo con su misión de buscar e informar asuntos de interés general. 5 de ellos cayeron en México, 4 en Brasil, 4 en Honduras, 3 en Paraguay, 2 en Colombia, 1 en El Salvador y 1 en el Perú.
Y atendiendo a los datos computados por la SIP, desde el año de 1987 han sido asesinados en nuestra región 467 periodistas y 25 permanecen aún desaparecidos. Justo en esta misma semana, el pasado día 26 de este mes de mayo, se cumplieron 21 años de la desaparición en la República Dominicana del doctor Narciso González, quien figura en esta última estadística indigna de una sociedad que se dice democrática.
Justo al día siguiente de este funesto aniversario, el pasado miércoles 27 de este mes de mayo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó a unanimidad una nueva resolución de protección a los periodistas y a los medios de comunicación, reconociendo su papel clave en la democracia. Esta decisión se une a otra que se había adoptado en el año 2006 en la misma dirección de protección.          
Su importancia en los procesos sociales
La lucha por la libertad no es más que la lucha por la libertad de expresión. Y nos expresamos para poder decir lo que pensamos, lo que queremos y lo que no queremos. Es una lucha tan vieja como la humanidad.
En el 1643,  el Parlamento inglés emitió una resolución en que establecía la necesidad de obtener una licencia para poder publicar cualquier material que expresara las opiniones o consideraciones de las personas. Es claro que estábamos frente a una política de censura previa.
Y justo en ese mismo año el poeta inglés John Milton, que en aquel entonces tenía unos 35 años, contrajo matrimonio con una joven de apenas 17 años. Luego de algunos meses, la joven le solicitó permiso para ir a  visitar a sus padres, lo que él concedió con el pedido de que regresara pronto. 
Sin embargo, dos semanas después él recibió una nota de la joven esposa diciéndole que no regresaría y que permanecería con sus padres. Ante esta situación,  Milton escribió un tratado a favor del divorcio para lograr deshacer el matrimonio. No sólo le negaron la  licencia para publicarlo, si no que fue denunciado por considerar que se trataba de un asunto inmoral.
El poeta no se rindió y se generó todo un debate en torno a la censura y la libertad de expresarse en aquella época. De esa discusión memorable hay una expresión de Milton dirigida a las autoridades, incluyendo la Iglesia, en que él les indica “ustedes pueden ser mis gobernantes, pero no mis críticos”.  
Ese debate encontró un sentido planetario después de la Revolución Francesa el 14 de Julio de 1789, es decir 146 años más tarde, en que se logra universalizar los derechos humanos.
Esa lucha enorme por la libertad de expresión ha venido asociada al surgimiento de las libertades políticas y de los medios de comunicación.
Los derechos fundamentales
En nuestro caso, la República Dominicana, y con la Carta Magna del 2010, hemos iniciado un proceso de constitucionalizar los derechos y los deberes fundamentales de las personas, así como estableciendo las garantías de los mismos. 
Esta cobertura tiene que ver con nuestro ejercicio en los medios de comunicación, pero sobre todo y como es más que obvio, a la ciudadanía. 
Citemos esos derechos y deberes
Nuestra Constitución, en su Titulo II, Capítulo I, Sección I, describe los derechos civiles y políticos fundamentales como el derecho a la vida, a la dignidad humana, a la igualdad, a la libertad y seguridad personal, a la prohibición de la esclavitud, a la integridad personal, al libre desarrollo de la personalidad, a la intimidad y el honor personal, a la libertad de conciencia y de cultos, a la libertad de tránsito, a la libertad de asociación y a la libertad de expresión e información.
Igual en la Sección II señala los derechos económicos y sociales, como son la libertad de empresa, derecho de propiedad, de propiedad intelectual, de consumidor, de seguridad alimentaria, de familia, de protección a las personas menores de edad, a las de la tercera edad, a los discapacitados. También derecho a la vivienda, a la seguridad social, a la salud, al trabajo y a la educación.
En la Sección III se establecen la cultura y el deporte como los derechos culturales y deportivos. En la Sección IV se establecen los derechos colectivos y difusos, así como la protección al medio ambiente.
Es bueno resaltar que la propia Constitución,  además de los derechos fundamentales,  establece en su Capítulo II las garantías a esos derechos. Por tanto, las personas tienen una tutela judicial efectiva y debido proceso. El Hábeas data, la acción de Hábeas corpus, la acción de amparo y la nulidad de los actos que subvierten el orden constitucional.
Sin embargo, cada vez resulta más importante el rol de los medios de comunicación en los procesos sociales. Lo es para la sociedad, para el Tribunal Constitucional, para los partidos políticos, y como es esencial para la ciudadanía.
 Y esa importancia queda aún más ensanchada ahora en que cada medio ha  multiplicado su alcance al hacerse universal y casi instantáneo gracias al desarrollo de la Internet y de la tecnología.
Y resulta difícil considerar cuál de ellos es más importante que el otro, aunque sin duda la televisión permite la difusión de contenido e imágenes en un mundo en que la percepción consagra la realidad.
La radio, sin embargo, tiene la facilidad de que puede escucharse mientras hacemos otras cosas, como conducir, por ejemplo. Y los periódicos siguen siendo los que trazan la pauta de los comentarios de la opinión pública y por tanto consiguen un enorme efecto multiplicador de su contenido cotidiano.
Cada uno de estos medios tiene, además,  la posibilidad de reproducirse por las redes sociales gracias a la Internet. El cambio ha sido enorme en este sentido y les confieso que muchas veces me pregunto cómo era que podíamos hacerlo sin todos estos recursos que nos brinda hoy la tecnología,  y las cosas salían bien.
No hay dudas de que había una profunda entrega de quienes ejercían el periodismo cuando no se contaba con esos valiosos recursos que hoy aporta la tecnología a los medios de comunicación. Y esto nos plantea un enorme desafío a quienes ejercemos hoy el periodismo.
Evidentemente que siempre existen diversas amenazas contra los medios, el ejercicio libre del periodismo y los derechos de la ciudadanía.
Muchas de esas amenazas son conocidas, aquellas que provienen de sectores públicos y privados, pero hay nuevas que han surgido de las actividades ilícitas en muchos de nuestros países.
Algunos de los periodistas asesinados, por ejemplo,  en México y en Colombia, han estado relacionados con esa realidad criminal que pone en peligro el ejercicio de la libre expresión y del periodismo.  
Incluso,  y como para no estar tentados a pensar que  este es un tema alejado de lo que abordamos, sólo debemos recordar que muchos grupos que se dedican a las actividades ilícitas y se mezclan con la política y los negocios.
El otro gran problema que se presenta como un desafío al ejercicio del periodismo es el de la banalización de la sociedad, y por tanto del contenido de los medios de comunicación, abandonando las áreas de investigación y el interés de los verdaderos problemas que afectan a la población.
En la medida que esa realidad crece es obvio que se afectan los procesos políticos e institucionales, pues no se llegan a identificar con claridad las cosas que resultan fundamentales para el desarrollo social del país. 
Obviamente que la banalización de la sociedad no es una cuestión que sólo afecte el contenido del ejercicio del periodismo y la dinámica de los medios de comunicación, pues es un asunto que toca toda la civilización humana. 
El pasado año,  el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, lo planteó en un ensayo que tituló “La Civilización del Espectáculo”. Su libro es una queja, pero al mismo tiempo,  es una advertencia sobre el abandono de los temas que resultan fundamentales para el progreso de las sociedades. 
Y no hay dudas de que lo que diferencia a una sociedad de otra es la calidad de su ciudadanía, y los partidos políticos, los empresarios y los medios de comunicación tenemos una enorme responsabilidad en la construcción de una sociedad de más calidad formativa, más transparente, más equitativa y de que tengan los mejores contenidos para que así puedan tener las mejores decisiones al momento de ejercer y reclamar sus derechos, como cumplir con sus deberes y responsabilidades sociales. 
Comunicación policía y comunicación social
Al asistir a este conversatorio con ustedes lo hago asumiendo que esta iniciativa es una magnífica señal del Tribunal Constitucional al promover que la ciudadanía conozca cada vez más y mejor sus derechos, sus deberes y las garantías para sostenerlos. Igual estimo del CDP para los periodistas.
Es bueno precisar que entre la comunicación política y la comunicación social hay una diferencia esencial. La primera está más referida al accionar estratégico de los partidos políticos y las instituciones para promover y asentar el perfil en los procesos y de la percepción pública.
En cambio, la segunda, está referida al  ejercicio cotidiano de los medios de comunicación para informar a la población respecto de las cosas que suceden. Y aunque ambas están dirigidas a la    población, se diferencia en los propósitos.  En estos conversatorios  confluyen ambas comunicaciones, la política y la social.
Y es importante esto de la comunicación política y social para la formación de la percepción pública, pues se estima que cuando nos comunicamos usando la palabra y apelando en consecuencia a la razón y al pensamiento, apenas logramos incidir con un 4% en el nivel de percepción de los que nos escuchan.
En cambio, la comunicación no verbal que es aquella expresada en las actitudes, los gestos, los sentimientos, los calores usados en el vestuario y en el escenario, así como los movimientos corporales se calcula que impactan en un 96% en la conformación de la percepción pública.
Es claro que no imparta que se tenga una buena Constitución y que ella incluya los derechos fundamentales de ciudadanía, si en la práctica la gente no siente que la instancia para hacerlo no responde a los requerimientos de los sectores.  Esa es una  responsabilidad de los magistrados que conforman el Tribunal Constitucional de la República, sobre todo para ir construyendo esa percepción pública positiva.
En cambio, la nuestra es hacer de este oficio cotidiano una labor veraz y comprometida con los intereses de la población y por una sociedad en que se respete la condición humana plenamente, promoviendo responsabilidades y derechos.
La pluralidad y la saturación informativa
No hay dudas de que en la sociedad de hoy existe una pluralidad informativa, aunque muchas veces se puede pensar que ella llega a la saturación colectiva o bien a la banalidad.
Y en esa diversidad se recogen contenidos de calidad y otros que no los son. Sin embargo, es imposible obviar hoy la realidad y la eficacia de las redes sociales, como Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, Google, Linkedln, Tumblr, E-mail y la telefonía, por ejemplo, que se hacen parte esencial de la comunicación contemporánea.     
Con esta nueva realidad también el ejercicio del periodismo como el rol de los partidos políticos, sus dirigentes y los funcionarios públicos,  están sometidos a constantes cuestionamientos por los usuarios de esos medios digitales, aunque muchos no lo hacen de manera adecuada.
Sólo una población educada puede clasificar los contenidos de calidad y aquellos que no los son. En nuestra realidad social no contamos con esa ciudadanía capaz muchas veces de distinguir entre una cosa y la otra. La intervención indiscriminada de miles de personas sin los niveles educativos que requiere una sociedad moderna llena de malos contenidos las redes sociales, desaprovechando así poder producir críticas certeras contra los partidos, sus dirigentes, los funcionarios públicos, los magistrados  y los medios de comunicación.
Regulación de los medios
Las autoridades y los propios partidos políticos se centran en los espacios publicitarios y no en los contenidos de los medios, cuando ahí es donde verdaderamente se conforma la percepción pública sobre las instituciones y los funcionarios públicos.
Los medios contribuyen enormemente a la divulgación de las iniciativas y la transparencia en torno a cada escenario, y una instancia que como el Tribunal Constitucional vive con los ojos puestos encima por la delicadeza de sus temas, un vínculo sincero con los medios resulta clave para ganar confianza ante la sociedad. Y para promover estos derechos fundamentales de la ciudadanía. En este sentido, son aliados esenciales en la construcción de una sociedad democrática.
Los medios de comunicación son la garantía de la transparencia y los mejores aliados de los miembros del Tribunal Constitucional, si están dispuestos a que las cosas se hagan bien.  Y por eso creo que estos conversatorios resultan tan importantes.    
Contenido y publicidad
Muchos de los críticos de los medios de comunicación cuestionan por lo regular su falta de neutralidad. Sin embargo, esto quizás no sea tan importante como la falta de responsabilidad con que puedan actuar los medios. Un medio puede incluso ser parcial en el sentido de que asuma claramente una posición a favor de una causa determinada.
Sin embargo, lo que no es profesional es que no sea veraz con el contenido de las informaciones que publique de sus favorecidos como de quienes no los sean. Los medios de comunicación como el ejercicio del periodismo,  más que neutralidad o imparcialidad, requieren de actuar con responsabilidad.
Una sociedad de deberes y derechos
Al hablar de derechos me gusta agregar siempre, y los deberes, pues estoy convencido de que tenemos que promover una sociedad de responsabilidad que no sólo esté dispuesta a exigir derechos, sino a cumplir con sus deberes ciudadanos. Es así como las naciones avanzan a estadios superiores. Y el orden constitucional es esencial para construir una sociedad democrática, consciente de sus derechos y de sus deberes.
Las sociedades democráticas y modernas se fundamentan en el cumplimiento de procedimientos y normas que regulan todo su accionar, pero aquí resulta insólito que comenzando por los propios partidos políticos  se resisten a ser regulados en sus derechos y deberes. Y en este sentido, creo en el criterio de tener leyes simples de aplicación rigurosa, más que en leyes draconianas de aplicación flexible.
Creo que la República Dominicana requiere de un sosiego largo en la vida constitucional para poder crear y estabilizar una cultura de respeto y apego a las normativas establecidas en la Carta Magna. Y frente a la normas en sentido general.
Acotaciones finales
Quiero terminar esta intervención, identificando lo que creo serían los principales desafíos para la sociedad dominicana.
1.     Hacer de la ley la norma y no la excepción.
2.     Despenalizar definitivamente el llamado delito de palabra, con el que se les tiene a los periodistas y a los medios de comunicación una especie de espada en la yugular.
3.     Trazar planes específicos sobre las prioridades del país e invertir en sus soluciones.
3.1 Entre esas prioridades citaría: Revisar el contenido de la educación y llevar a las aulas nuestros principales temas, como estos que tiene que ver con las responsabilidades y los derechos de la ciudadanía; una reingeniería de la administración pública para hacerla más racional y eficaz para poder garantizar muchos de esos derechos y que no funcionan en la práctica. Sería darle sintonía al concepto con la práctica.
4. Un gran acuerdo nacional que proyecte a la sociedad dominicana para los próximos veinte años, basado en el cumplimiento de las normas.                                                 
5. Lograr un mayor compromiso de los medios de comunicación en un proyecto de nación de gran magnitud.
Creo que con esto podemos ayudar enormemente a fortalecer la construcción de una sociedad democrática  con profundo sentido de equidad.
¡Muchas gracias!
Persio Maldonado Sánchez
12 de Junio del 2015
Por: Luis Brito

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